A las alfombras se las puede pasar la aspiradora desde el primer día. La
frecuencia será la que se tenga por costumbre. Al ser alfombras anudadas a mano,
el polvo no consigue atravesar el nudo, por lo que este solo acto de pasar la
aspiradora mantendrá la alfombra limpia. Cuanto más tupido y pequeño sea el
nudo, mejor limpieza tendrá la alfombra. Para una limpieza más a fondo, cosa que
sucederá con el paso de los años, hay que lavarlas con agua y un jabón neutro o especial para lana. El procedimiento es humedecer un paño o un cepillo en la
solución jabonosa y sin empapar la alfombra, frotar bien la misma. Para terminar
pasaremos un paño seco para eliminar el exceso de humedad y procuramos que el
último pase siempre sea a favor de pelo, para que la alfombra quede bien
peinada. En caso contrario hará sombras y efectos de claro-oscuro no deseados. Nunca hay que sacudir las alfombras ni limpiarlas con Amoniaco. Al
sacudir se pueden deshacer los nudos, y al lavarla con amoniaco, aceleraremos el
deterioro de los tintes naturales.
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