El arte y las alfombras

Para nuestra cultura occidental siempre ha resultado difícil  comprender las expresiones artísticas de los pueblos orientales.

Si conseguimos observar una alfombra con la misma actitud, lógica y sentido crítico que cuando observamos una pintura, podemos llegar a comprender que, aparte de la belleza plástica de las alfombras orientales, éstas tienen un valor intrínseco de las muchas horas de trabajo que ha costado realizarla, nudo a nudo, y la identificación de su tejedor con el trabajo de años de su vida, ya que el proceso de creación de una alfombra es más complejo de lo que aparentemente observamos.

Cada alfombra es una obra de arte única con un sello de identidad. El de su creador.

Esquema fundamental de la elaboración de una alfombra

Diseño sobre papel del motivo de la alfombra.

Habitualmente se realiza solo uno de los cuadrantes que se va replicando de manera simétrica.

Instalación del telar.

Lo más sólido y escuadrado posible, a fin de evitar distorsiones que se reflejan en la alfombra inevitablemente.

Preparación de la urdimbre.

Con la elección de las fibras más adecuadas para sostener la carga del nudo.

Elección de la fibras.

Particularmente para la lana y la seda y operaciones de teñido.

Elaboración del orillo.

Operación de anudar los hilos, paso de las tramas y de la ejecución de los márgenes laterales.

Exactitud en el desarrollo del dibujo (con cartón o de memoria).

Apriete de nudos.

Operación de apretar los nudos y las tramas para dar solidez al tejido.

Pelado.

Igualamiento final del pelo de la alfombra (operación confiada a un maestro de gran experiencia).

Limpieza y acabado final.

Acabado final de la alfombra. Comprobación final de la solidez de los tintes y limpieza del polvo acumulado durante el proceso.

Secado al sol.

Acabado final de la alfombra. Comprobación final de la solidez de los tintes y limpieza del polvo acumulado durante el proceso.

Cuando se observa una de las maravillosas alfombras anudadas (algunas, absolutas obras maestras), no puede sino acudir al pensamiento la comparación con el taller de los pintores del Renacimiento, donde todo estaba organizado, hasta los mínimos detalles, con cuidado y atención, y todos concurrían en la realización de las obras.

La diferencia más acusada radica en que el autor de la alfombra es realmente lo que hoy llamamos un arte colectivo, en el que el genio individual, el patrimonio cultural de los pueblos y constante paciencia de tantos anónimos artesanos crean una de las más elevadas formas de expresión artística humana.

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