El valor de las alfombras orientales

La relación entre el precio y el valor de una alfombra es algo tan espinoso de tratar como el valor de un cuadro de un maestro de pintura y su valor intrínseco en materiales y mano de obra. En esta comparación un tanto burda, debemos considerar que la alfombra es una obra de arte en mayor medida que cualquier otro artículo de uso diario. Tiene la alfombra oriental por consiguiente, varios “valores”, con predominio de aquel o aquellos que resulten del hecho de considerar la alfombra en cuestión como una obra de arte más bien que cono un artículo utilitario o al revés. El aspecto más importante es el valor estético de la alfombra.

La alfombra oriental representa algo más que la expresión artística de un solo individuo, encarna la experiencia de todo un pueblo; es la expresión de los logros y desgracias de una tradición cultural diferente y, aún todavía, de las aspiraciones del espíritu humano. El nómada del desierto que se esfuerza por crear con la lana de la oveja y el pelo de la cabra las flores de un jardín, que nunca será suyo, habla con nosotros a través de su alfombra, de la misma manera que en la pintura occidental un maestro nos hace ver con sus cuadros su estado anímico.

Este valor estético no encuentra nunca en absoluto su equivalencia en términos monetarios.

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